Lo que te voy a expresar por escrito en realidad quisiera decírtelo personalmente, pero me dijiste que esta semana no nos veríamos y como siempre tengo que adaptarme a tus circunstancias...
El sábado próximo se cumpliría un año de nuestro primer encuentro, en aquella cabaña que para mí será siempre nuestra cabaña.
Un año del que fue el momento de mayor felicidad en mi vida. Sé que nunca lo olvidaré. Siempre estarán en mí cada segundo, cada palabra, cada caricia, cada temblor de aquella primera noche juntos.
Quiero ser honesta, desde el primer momento yo supe que nunca te separarías. Al principio mientras escuchaba tus promesas pensaba que me decías lo que todos los hombres casados dicen siempre a las jóvenes que quieren mantener un tiempo como amantes. Pensaba que yo podría con esto, que sería hermoso mientras durase y que como no creería en tus promesas no sufriría.
Con el tiempo comencé a ver las cosas de otro modo, a pretender entender que sí querías un proyecto conmigo, pero que no podías. Que no tenías el valor para defender con actos lo que tu boca decía.
Casi sin darme cuenta fui modificando todo para poder estar con vos, para recibir esas migajas de cariño.
Creo que nunca te diste cuenta de mis sentimientos y necesidades, del modo en que yo viví cada uno de los momentos que compartimos, de lo pendiente que estuve siempre.
No estoy haciendo la vida que debería a mis veintidos años. No salgo a ningún lado para poder estar por si llegás a llamarme, o por esperarte cuando me decís que tal vez puedas escaparte un rato. Y como sé cuál es tu situación no puedo quejarme de tantas esperas para nada.
Te soy fiel aunque tenga que compartirte con ella, aún sabiendo que mi lugar es el último, y vos te permitiste celarme de mis compañeros de estudio.
No sabés las veces que he soñado caminar con vos, de la mano, compartir algo más que lo único que compartimos. No sabés cómo he soñado con todos esos viajes que me prometiste y nunca se concretaron.
Yo entiendo que no se puede. Claro, yo siempre entiendo todo.
Traté siempre de guardar en mí cada mirada, cada sensación, cada abrazo... para aferrarme a ellos el tiempo en que no podía verte.
Nunca te diste cuenta, mi amor, lo egoísta que llegaste a ser.
Yo siempre estaba cuando vos querías, pero ni pude llamarte por teléfono cuando te necesité.
Sé que esas son las reglas en estas situaciones, pero no se sabe lo dolorosas que son hasta que no se sufren.
Ni siquiera te preocupaste por cómo quedaba cada vez que con las valijas y las ilusiones hechas, recibía tu mensaje de "suspendido".
Ni te preocuparon mi llanto y mi desesperación al saber que el viaje soñado lo harías con tu esposa.
Desde el principio me dijiste que te estabas separando, que era cuestión de semanas, que tuviese paciencia.
Y yo pasé de no creerte a querer creerte, de comprenderte a justificarte, y de resignarme a hartarme.
Hoy sé que nunca te vas a separar aunque me sigas diciendo que ya hablaste con el abogado y todas esas cosas. Hoy sé que el único modo de vivir este amor es de a ratos, a escondidas, y en tus tiempos.
No sé cómo haré para olvidarte. Te amo mucho más de lo que yo quisiera, te amo como nunca amé hasta ahora, pero no quiero seguir sufriendo de este modo. Espero que lo entiendas.
Te dejaré esta carta en la oficina y te pido que no llames ni me busques. No quiero volver a verte.
Hoy supe que tu mujer está embarazada nuevamente.
Sé que te falta el coraje para hacer algo, lo que sea. Entonces decido yo, y te hago más fácil esta situación.
Adios.
Laura.
La Edad Madura, de Camille Claudel.




