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Margarita mía:

No tengo las palabras para expresar todo el amor que siento. Desde que te encontré mi vida tiene un sentido que nunca había tenido y hoy comprendo realmente la felicidad.
A tu lado la vida es maravillosa, me siento más entusiasmado y con nuevos anhelos para concretar.
Cada minuto que no estamos juntos vivo deseando volver a verte, vivo pensando en todas las cosas que compartiremos, mi amor.
En el momento en que me dijiste que aceptabas ser mi compañera, con esa sonrisa infinitamente dulce y esa mirada picarona y a la vez tan tímida, me has convertido en el ser más afortunado del universo.
Margarita, quiero que pasemos juntos todo el tiempo que nos sea posible, caminar junto al río tomando tu mano, cuidarte en todo y hacer realidad todos tus sueños y tus caprichitos. 
Quiero que no pase un día sin tener tus sabrosos besos y poder acariciarte y abrazarte, celebrar con nuestros cuerpos y nuestras almas  este profundo sentimiento.
Ayer en la confitería comentaste que tenías muchas ganas de viajar, y cuando hablabas de ese sueño tus ojitos brillaban aún más que de costumbre.
Quiero que hagamos ese viaje, es un regalo que quiero darte y quiero darme.
Si te parece, después del casamiento de tu nieto nos vamos al lugar que más te guste. El sitio que elijas será perfecto para mí, si estamos juntos todo es perfecto siempre.
Pensalo, Amor, y mañana me dirás tu decisión así podremos ir a la agencia de viajes y hacer las reservas.
Hermosa mía, cuánto te amo! Calculo las horas que faltan para volver a vernos y siempre me parecen muchas.
Tuyo, siempre tuyo,

Simón.



Sólo Setenta - Marilina Ross


 

Amadísima Rosalía

Pasaron sólo dos noches de nuestro apasionado encuentro y le aseguro que ya la estoy extrañando.
Sé muy bien que me será imposible olvidarme nunca de su piel lozana y sus nalgas redondeadas, perfectas, dulces como melones.
Jamás una mujer me había hecho sentir tanto exquisito placer desenfrenado y caliente, se lo juro por La Virgen.

Cuando viajaba para acá traté de ver el paisaje por la ventanilla del tren pero mi mente se empecinaba en recordarla y en las siluetas de las sierras veía sus pechos, que eran muchos más de dos porque las sierras son muchas, y se me hacía agua la boca, de pensarla, hermosa Rosalía.

Desde mi llegada que no he podido trabajar, ni dormir, ni ir a buscar el coche al taller, porque no puedo dejar de pensar en usted ni por un minuto.
Y hasta he llegado a fantasear con un futuro, una posibilidad. No sé. No es mi intención crearle ilusiones o comprometerla. Pero he llegado a imaginar que tal vez algún día cuando mis hijos estén más independientes, tal vez cuando el menor se case, pueda haber una posibilidad para nosotros dos, para una vida llena de noches como la primera noche que pasamos juntos.
No sé qué opinará usted de esto, me gustaría saberlo.

Rosalía, dulce mujer de brazos esponjosos y mirada de perra ardiente, sus cabellos son lo más suave que existe en este mundo.
No quisiera que me confunda con lo que se suele llamar un "versero", sepa que esta es la primera vez que escribo una carta en mi vida y si lo hago es porque lo que siento  por usted ha convertido mi corazón en el de un poeta.

Le ruego que no lo tome a mal, pero necesito pedirle un favor. Me he dejado olvidado el pañuelo gris que llevaba al cuello y es un regalo de la patrona, así que no tardará ella en notar su falta.
Si fuera tan amable, me lo enviaría por correo a la dirección del sobre?
Es la casa de mi hermano y puede usted escribirme allí con confianza cada vez que así lo quiera.

Le envío un beso amoroso. Qué digo un beso, le envío cien, mil besos amorosos. Y quedo a la espera de su pronta encomienda, bella diosa de mis sueños.
Suyo siempre,
Carlos.                                                                                                                                        

Postdata: Le mando aquí una foto mía para que me tenga presente.