Querido amigo:
Estaba ansioso porque llegue la noche para poder escribirle, hoy más que nunca.
De corazón, necesito agradecerle todo lo que usted me ha brindado en estos tres años de correspondencia.
Nunca le he dicho lo importante que es usted para mí, lo importantes que son estas misivas que me acercan a un ser humano con quien puedo intercambiar conceptos sobre la vida, incertidumbres, reflexiones y conocimientos.
Es la primera vez que le escribo para contarle, Ernesto, que en todo este tiempo usted es mi única conexión con el afuera, mi único amigo, la única persona a quien le importo.
Cuando decidí enviar mi anuncio a esa revista para buscar una amistad epistolar, hubo sólo una respuesta: la suya.
Yo le agradezco su gran generosidad, su falta de prejuicios con un privado de libertad, su discreción y respeto al no preguntar nunca sobre la causa de mi condena.
Sus cartas me han sostenido, las he leído una y mil veces para no estar aquí, para evadirme de este lugar.
Si no hubiese sido por su amistad, estoy seguro que no habría soportado todo este tiempo.
Hoy he recibido la noticia: saldré en libertad el mes próximo, por buen comportamiento.
Desde que lo supe que espero este momento de poder escribirle, de poder compartirlo con mi amigo.
Siento una gran alegría. También siento temores. Tengo todavía un tiempo para pensar qué hacer. Supongo que intentaré trabajar como electricista, ahora que dispongo de este oficio.
Lo difícil va a ser decidir si ir o no a ver a la que fue mi familia.
Como usted dice siempre, ya lo decidiré cuando llegue el momento.
Me gustaría conocerlo personalmente, si es que usted también está dispuesto a que nos encontremos. Sería para mí una gran felicidad.
Le envío un fraterno abrazo.
Enrique.
Mi estimadísimo Enrique:
La noticia que acabo de leer me ha alegrado el día. Hace muchísimo tiempo que no me sentía tan feliz. Esto merece un brindis y lo haremos cuando nos encontremos.
Yo también tengo muchos deseos de conocerlo personalmente, de mostrarle mi huertita, mi biblioteca. De que por fin conozca a mi perro, Napoleón, y vea que no exagero en lo más mínimo cuando le cuento sobre su inteligencia y su incondicional ternura.
Amigo mío, tampoco yo le he expresado nunca lo que su amistad trajo a mi vida, y le aseguro que sus cartas para mí son tan importantes como a usted le son las mías.
Cuando hace años leí su anuncio, pensé en los tantos modos que existen de estar privados de la libertad. Algunas veces incluso por daños que nosotros mismos podemos llegar a inflingirnos.
Yo también he cometido mis errores . Unos reiterados, otros graves, y algunos inocentes.
Todos pagamos de un modo u otro los errores cometidos. Y todos merecemos siempre otra oportunidad.
Con qué derecho habría yo de cuestionarle?
Agradecido estoy yo, que de no ser por esta amistad que me sostiene, no habría podido soportar mi soledad.
Me gustaría mucho ir a buscarlo en el día de su salida, si es que me lo permite.
Y sepa, amigo mío, que mi casa es su casa.
Sepa también que mi mente ya está viajando a los buenos momentos que compartiremos pronto.
Me despido con un gran abrazo.
Ernesto.
.
Estaba ansioso porque llegue la noche para poder escribirle, hoy más que nunca.
De corazón, necesito agradecerle todo lo que usted me ha brindado en estos tres años de correspondencia.
Nunca le he dicho lo importante que es usted para mí, lo importantes que son estas misivas que me acercan a un ser humano con quien puedo intercambiar conceptos sobre la vida, incertidumbres, reflexiones y conocimientos.
Es la primera vez que le escribo para contarle, Ernesto, que en todo este tiempo usted es mi única conexión con el afuera, mi único amigo, la única persona a quien le importo.
Cuando decidí enviar mi anuncio a esa revista para buscar una amistad epistolar, hubo sólo una respuesta: la suya.
Yo le agradezco su gran generosidad, su falta de prejuicios con un privado de libertad, su discreción y respeto al no preguntar nunca sobre la causa de mi condena.
Sus cartas me han sostenido, las he leído una y mil veces para no estar aquí, para evadirme de este lugar.
Si no hubiese sido por su amistad, estoy seguro que no habría soportado todo este tiempo.
Hoy he recibido la noticia: saldré en libertad el mes próximo, por buen comportamiento.
Desde que lo supe que espero este momento de poder escribirle, de poder compartirlo con mi amigo.
Siento una gran alegría. También siento temores. Tengo todavía un tiempo para pensar qué hacer. Supongo que intentaré trabajar como electricista, ahora que dispongo de este oficio.
Lo difícil va a ser decidir si ir o no a ver a la que fue mi familia.
Como usted dice siempre, ya lo decidiré cuando llegue el momento.
Me gustaría conocerlo personalmente, si es que usted también está dispuesto a que nos encontremos. Sería para mí una gran felicidad.
Le envío un fraterno abrazo.
Enrique.
********
Mi estimadísimo Enrique:
La noticia que acabo de leer me ha alegrado el día. Hace muchísimo tiempo que no me sentía tan feliz. Esto merece un brindis y lo haremos cuando nos encontremos.
Yo también tengo muchos deseos de conocerlo personalmente, de mostrarle mi huertita, mi biblioteca. De que por fin conozca a mi perro, Napoleón, y vea que no exagero en lo más mínimo cuando le cuento sobre su inteligencia y su incondicional ternura.
Amigo mío, tampoco yo le he expresado nunca lo que su amistad trajo a mi vida, y le aseguro que sus cartas para mí son tan importantes como a usted le son las mías.
Cuando hace años leí su anuncio, pensé en los tantos modos que existen de estar privados de la libertad. Algunas veces incluso por daños que nosotros mismos podemos llegar a inflingirnos.
Yo también he cometido mis errores . Unos reiterados, otros graves, y algunos inocentes.
Todos pagamos de un modo u otro los errores cometidos. Y todos merecemos siempre otra oportunidad.
Con qué derecho habría yo de cuestionarle?
Agradecido estoy yo, que de no ser por esta amistad que me sostiene, no habría podido soportar mi soledad.
Me gustaría mucho ir a buscarlo en el día de su salida, si es que me lo permite.
Y sepa, amigo mío, que mi casa es su casa.
Sepa también que mi mente ya está viajando a los buenos momentos que compartiremos pronto.
Me despido con un gran abrazo.
Ernesto.
.



